Sepan ustedes disculpar,
Pero este gusto me voy a dar.
El tema de la depilación masculina,
Me hincha más que la bilirubina.
Y por eso y sin ningún festejo,
Les presento a mis pendejos.
Cuando nací era lampiño,
Pito chico, casi sin huevos,
Piel suave, con olor a nuevo.
Y así seguí cuando niño.
Y de repente una soleada mañana,
Después de mucha sopa tomar,
Un pendejo finalmente vi asomar,
¡Era mío, de mi propia entraña!.
Era un hermoso pelo de huevo
El primero, totalmente nuevo.
Y la alegría ya no pude evitar
¡porque comenzaba a madurar!
Picaban como abejas,
Y de a poco cubrían la huevura,
Y no se tome como queja,
pero Mierda! qué calentura!
La pelambre, siguió creciendo,
Junto al susodicho pelado,
Y aunque no soy agrandado
¡Flor de mata iba teniendo!
Y ahora con mis canas bien ganadas,
A algunas mujeres suelo oír
Que a la hora de elegir,
Las prefieren bien peladas.
Y te piden que te depiles,
Que así es más higiénico,
Igual que el poroto transgénico,
Que se comen los perejiles.
No seré Ulises, ni soy Aquiles
Pero soy lobo, y no caniche
Y no habrá mujer que me esquile
Ni hoy, ni cuando espiche (1)
Y aunque suene inaudito,
Sin mucho tapujo ni falsa promesa,
Les digo con mi pelambre bien gruesa:
¡Que hasta peludo soy bien bonito!
(1) Espiche: muera.