Lo que aprendí de mi perra Sura, (que en Inuit significa Hoja/Vida Nueva) es la capacidad que tiene para encontrar la felicidad en
las cosas más simples de la vida: un plato de comida “húmeda” cada tanto, en
lugar del balanceado, algo nuevo para
destrozar, una almohada nueva para
dormir, subirse al sofá y ver un partido de Tigre juntos, nuestro juego mitad
pelea mitad mordisco, su capacidad de tomarme el tiempo, parecer dócil pero a su vez hacer lo que se le canta el culo, etc. pero por sobre todas las cosas: el difrute que significa para ella salir a pasear.
Porque en la casa, más o menos el
territorio está bien definido pero afuera, sobre todo la calle ella casi, casi tiene rienda suelta
para hacer lo que se le canta, la calle es su territorio. Nuestro paseo suele ser de unas 10/12 cuadras de ida y de vuelta. Es un territorio importante.
En la calle su cola que generalmente está
baja, sube cual pabellón de guerra y su
pose se torna más aguerrido, se le marcan los músculos y saca el pecho a lo
“Tigresa Acuña” antes de entrar al ring. Cuando camina, está alerta, pringosa y
al principio me trata de arrastrar, luego provocar para que hagamos su juego
predilecto, que básicamente es tratar de morderme y recién a las 12 cuadras,
comienza a aflojar.
Cuando salimos a pasear es un dúo interesante, Sura al ser Pitbull, desalienta a los transeúntes de aspecto sospechoso, que literalmente cruzan de vereda y yo con mi cara de pocas pulgas, desaliento a los perros de aspecto peligroso. Curiosamente son los caniches, cocker y salchichas los que más suelen "jugar a la ruleta rusa", aunque a fuer de ser sinceros, hay un perro negro, pedorro, que la tiene cagada de miedo. No logro entender el porqué de tanta pavura.
También vale aclarar que no es que la “nena” hace TODO lo que quiere, cada tanto le recuerdo que no soy un trineo con patas, pero sólo para mantener un cierto decoro, porque me di cuenta que esas cuadras de “libertad condicional” son como una bocanada de vitalidad que de no tenerlas, la hubiesen convertido en una perra dócil, sumisa y tal vez mucho más llevadera, pero esa no sería “la nena” por la cual yo sentiría tanto respeto y cariño. También me di cuenta, durante una semana que no salimos porque tenía una pata herida, que a mí también me encanta ese paseo. Que de no tenerla yo no saldría a pasear de noche. Descubrí también que esas cuadras de saludos cordiales y charlas con los "garita" son también una especie de actividad social que interrumpe mi vida semi "ermitaña".
Cuando salimos a pasear es un dúo interesante, Sura al ser Pitbull, desalienta a los transeúntes de aspecto sospechoso, que literalmente cruzan de vereda y yo con mi cara de pocas pulgas, desaliento a los perros de aspecto peligroso. Curiosamente son los caniches, cocker y salchichas los que más suelen "jugar a la ruleta rusa", aunque a fuer de ser sinceros, hay un perro negro, pedorro, que la tiene cagada de miedo. No logro entender el porqué de tanta pavura.
También vale aclarar que no es que la “nena” hace TODO lo que quiere, cada tanto le recuerdo que no soy un trineo con patas, pero sólo para mantener un cierto decoro, porque me di cuenta que esas cuadras de “libertad condicional” son como una bocanada de vitalidad que de no tenerlas, la hubiesen convertido en una perra dócil, sumisa y tal vez mucho más llevadera, pero esa no sería “la nena” por la cual yo sentiría tanto respeto y cariño. También me di cuenta, durante una semana que no salimos porque tenía una pata herida, que a mí también me encanta ese paseo. Que de no tenerla yo no saldría a pasear de noche. Descubrí también que esas cuadras de saludos cordiales y charlas con los "garita" son también una especie de actividad social que interrumpe mi vida semi "ermitaña".
En resumen, lo que aprendí de mi
perra es lo siguiente:
1.
Hay que saber poner límites,
pero una cosa es limitar y otra sofocar.
2.
Habiendo amor ambas
partes se conforman con poco y se llevan bien.
3.
La disciplina es buena, pero
hay que saber salir a jugar.
4.
Respetando los espacios
propios las cosas son más llevaderas.
5.
Las cagadas (literales y no
tanto) no siempre deben ser consideradas como una falta de respeto/un insulto.
Es una perra, no un ser humano. No tiene malicia.
6.
La fama de jodido no siempre
se condice con la realidad, pero ante la duda, es mejor no provocar.
7.
Quien no ha amado ni ha sido
amado por un perro, no ha vivido una vida plena.




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