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martes, 10 de junio de 2014

CHOCOLATE DOOMSDAY


Dedicado a mi reducido "Club de Fans" (el texto, no la foto)



La baja producción de cacao y el incremento de su consumo hace que expertos vaticinen su escasez.

Traducción del Título Original al Estilo Cinematográfico Argentino

El Día Que Se Terminó el Chocolate y la Gente Se Recontra Rayó.

Todo comenzó en el 2010, cuando Anthony "Chocfinger" Ward (1), un trader de commodities, con su grupo Armajaro Holdings hizo millonarias inversiones en los mercados del cacao. En su momento todos sus colegas se burlaron de él:

- “¿Invertir en cacao?” ¡Ja ja – qué pedazo de boludo!” Solían decir a viva voz.
Pero Anthony no cejó, invirtió cada centavo del holding inversor en compañías que estuvieran relacionadas con el mundo del cacao.

Y de repente el  21-12-2012, el día que se iba a acabar el mundo, según los Mayas (también muy afectos al chocolate) pero que desde esa fecha es conocido como el Día C – sucedieron varias sequías, heladas, invasión de langostas e inundaciones que afectaron a todas las zonas donde se cultivaba cacao, salvo – y casi por milagro - aquellas donde Anthony y su holding habían comprado acciones/tierras.

De la noche a la mañana, Anthony era el dueño casi absoluto de los principales centros de producción de cacao y de las empresas que lo transformaban en productos de consumo masivo. El precio de la tonelada de cacao, pasó de USD 1000 a USD 12.000.
Anthony pasó a ser el hombre más rico y poderoso del planeta. Lo de rico es sencillo de explicar, porque de tener una fortuna de 10 billones de dólares, pasó a tener una de 120 billones, y lo de poderoso es un poco más complejo, pero su apodo de “Chocfinger” no fue por azar. Básicamente se convirtió en el “Sumo Pontífice de la Felicidad”.

Y aquí me tomo un tiempo para explicar el porqué. En el 2012, el 40% de la población, urbana y occidental vivía sola – y lo sigue haciendo hoy día. La mayoría prefería la compañía de canarios, tortugas, gatos y perros a la del sexo opuesto o similar. Las relaciones sexuales eran esporádicas, casuales y con poco o casi ningún componente afectivo, ergo, la gente se había habituado a compensar la falta de endorfinas que provenían tanto del sexo como de las relaciones sentimentales profundas con el chocolate.

Las endorfinas para esa altura de la historia occidental y urbana se habían convertido en la nueva “smack” (heroína) y se podían obtener con relaciones sexuales, sentimientos de amor, deporte o chocolate. Como el sexo y el deporte no se practicaba muy a menudo, y mucho menos por los habituales consumidores de golosinas, de repente el chocolate cobraba una vigencia crucial.
Los primeros en sufrir la escasez de chocolate fueron aquellos que no contaban con provisiones abultadas, los que solían ilusionarse con la noción de que algún día conocerían al “amor verdadero” y que encima ni siquiera tenían mascotas.

Fueron los que comenzaron a comprar cualquier alimento que tuviera por lo menos algún vestigio de cacao, primero en los centros de provisión habituales, quioscos, hipermercados, autoservicios chinos y hasta compraban los alfajores vencidos que se vendían en los trenes.
Algunos, ya desesperados, con el nivel de endorfinas casi en su punto mínimo, llegaron a consumir choco-arroz.

Inmediatamente, como suele suceder en este tipo de situación, comenzaron a aparecer los buitres o como preferían llamarse ellos “Los mercaderes de la felicidad”. Era gente que hacía tiempo ya tenían relaciones sexuales regulares, significativas y que hacían deporte, dietas o simplemente ya no consumían chocolate y que por ello tenían existencias de chocolates, en barra, polvos para hacer leche chocolatada y hasta polvo para hornear tortas de chocolate, que solía “cortarse” con otras sustancias para simular el gusto a chocolate.

Otro grupo, los agricultores de zonas con condiciones similares a las de los países productores de cacao, migraron sus cultivos al cacao. Países sojeros, trigueros, maiceros de repente se encontraban produciendo un cacao mediocre, pero cacao al fin, y también vieron crecer sus ganancias de una manera desmedida. Quejar se quejaban, ya sea por los altos impuestos, la falta de condiciones de exportación flexibles, caminos adecuados, costo de los fletes, etc. etc., al final del día es parte de su ADN. Pero la verdad, es que se comenzó a acuñar la frase: “El Oro Marrón” y recalco: “El Oro Marrón” no el Loro Marrón, ¿OK?

Otro efecto rebote comenzó a notarse en los centros de adopción de animales abandonados. Se había corrido el rumor que el ronroneo de los gatos podía generar endorfinas y que los perros – con su amor incondicional – suplían la falta de afecto que en otras épocas provenían de los seres humanos.

También se notó una notable alza en el saludo con abrazos, porque se decía que proveían una notable cantidad de endorfinas y hasta las mujeres comenzaron a reducir bastante el nivel de exigencias a la hora de elegir “pareja”. Los gorditos, petisos y pelados – sobre todo los que tenían provisiones de chocolate, comenzaron a garchar.

Otra medida que se tomó fue prohibir la exhibición de Willy Wonka y la Fábrica de Chocolate, en cualquier tipo de soporte, sea TV por cable, internet, etc. Se descubrió que algunos “chocopornos” sufrían niveles de depresión demasiado altos, otros se volvían violentos y atacaban a las tiendas que vendían esos productos.

En fin, como es una entrada de un blog y los lectores tienden a tener un nivel de ansiedad e interés diametralmente opuesto – y como también es muy probable que este post sea comprado por algún guionista de Hollywood, voy completando el relato.

Todo este caos finalmente terminó cuando Estados Unidos se hizo cargo e intervino en las zonas afectadas por las sequías, inundaciones, infestaciones y con su Plan Wang (en honor al presidente recientemente electo de ese país) financiaron y proveyeron de tecnología de punta a los países afectados y en dos años lograron reactivar la producción mundial del cacao, con tanto éxito que se quintuplicaron los valores históricos.

Finalmente Anthony Ward, quedó en la bancarrota, los mercaderes de la felicidad retornaron a sus tareas habituales y como suele suceder con aquellos que creen que un animal es un “juguete viviente” – una vez que lograron alcanzar sus niveles de endorfinas habituales con el chocolate, volvieron a aparecer montones de perros y gatos abandonados (2).

(1)    Anthony "Chocfinger" Ward – no es un personaje de ficción. Se hizo multimillonario en el 2010 justamente como trader de cacao.
(2)    Debo aclarar que no estoy acusando a los consumidores de chocolate de ser personas que suelen abandonar a sus mascotas.

Material de Consulta


6 comentarios:

  1. Y como no queres que se acabe el cacao con tantas señoritas comiendo de esos chupetines.

    Abrazo grande.

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  2. Sos un fiel exponente del realismo, no sólo por la temático, sino por la abundancia de datos exactos que ofrecés para sostener el texto, pero vayamos a lo importante, ¿quién no se comió alguna vez un buen chocolate? Al menos para saber de qué se trata ser gay... y aclaro, como vos, "gay" de feliz, de alegre. Glad, jolly, festive, bouncy, chirpy, blablablá.
    Un abrazo.
    HD

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    1. Gracias! Y sí, Verne, Asimov, Orwell, Huxley y Bradbury ya escribieron lo mejor que se puede escribir en ciencia ficción, al menos a mi criterio. En cuanto al chocolate y lo gay, una advertencia: ambos son un camino de ida. Abrazo!!

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  3. Excelente pintura del caos. Tomo el consejo para gorditos, petisos y pelados y ya voy acovachando los Lindt.

    Abrazo, Ató.

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    1. Con Lindt te vas a ganar a Luciana Lopilato!! Abrazo!

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