El Sábado por la tarde acompañé a una amiga, sí, una amiga, de las pocas cogibles que es amiga, a ver unas casas. Anda con ganas de mudarse y yo vendría a ser el que hace de “el entendido amargo” – El que no le gusta nada, ve todo mal y el que le busca el pelo al huevo.
Lo que pasa es que mi amiga se engancha con cada cosa. Ve una maceta con malvones y “le encantó la casa”! Las manchas de humedad, las ve sólo en el cielorraso, no en los cimientos, subiendo por las paredes. Ve paredes descascaradas, pero no las grietas en los muros portantes o vigas de soporte. Es decir, una mina que se preocupa más por cómo van a quedar las cortinas, que si la medianera es de 30cms con ceresita o de madera balsa.
Distinta a otra, arquitecta ella, que te detecta hasta la relación m2/espesor de los muros, capacidad de carga de la losa, en unos 20 segundos. Esa sí que la tiene clara. A mí me salvó de comprarme un ataúd de cemento.
Vimos varias, esas que son tipo duplex de telgopor con techo de paja, pero la que me llamó la atención fue la del Criadero de Caniches Toy de Catamarca y Fleming. Paso a explicar.
Para empezar, el canil se encuentra en zona semi “concheta” de Shan Ishidro, viste?. Había una Toyota Hilux doble cabina en la entrada. Llegamos tarde, es que mi amiga manejando es como pasear en mateo (carruaje), pero tuvimos suerte, porque justo había un cachorro de caniche subiendo cosas a la “chata” (lo de caniche lo descubriríamos después, porque a primera vista parecía varón)
Mi amiga se disculpó con el Varón-Toy por la demora y éste le explicó que la de la inmobiliaria nos había esperado 15 min y se había ido hacía 5 min. Le preguntamos si podíamos entrar igual.
Varón-Toy: “Sabés lo que pasa es que nos estamos preparando para un viaje y mi vieja acaba de sacar todas las cosas para el viaje y el dormitorio es un desastre”
Pienso en silencio: ¿En 5 minutos la Emasculadora logró crear una zona de desastre en un dormitorio? Yo que soy quilombero tardo como mínimo una hora. 40 min si me esfuerzo.
Mi amiga: “Pero si al menos pudiéramos ver el living-comedor, fondo”
Toy: “Yo te dejaría, pero mi vieja no quiere que entre nadie” "Sin excepción" (lo dice con voz firme, pero se nota que sólo replica la voz materna)
Aparece el padre del Toy. Y nos explica:
“Es que mi mujer dice que como no vinieron en horario, que ya está (un eufemismo de “que se jodan”), y que ya no está el dormitorio presentable” Yo le explico a modo de intentar hacerle entender a un toy que las cosas no son tan complicadas ni graves, que he mostrado mi casa con los zolcilloncas (calzones para los de España) colgados de las sillas. El Toy Padre sonríe, quizás recordando la época cuando solía tener huevos, pero así y todo junta sus manos en señal de plegaria/súplica y dice: “Por favor no insistan, no saben cómo es”.
Pero mi amiga insiste con carita de gatito de Shrek y le dice:” Porfis”.
El Toy Padre amaga con negarse, el terror a la Doberman es alto, pero afloja, titubea un poco y mi amiga, viendo su yugular expuesta, le dice con esa voz dulce que ponen las mujeres para salirse con la suya: “Dale, un segundito nomás” con la cabecita de coté y mirada de desamparo…
Toy Padre: “Bueno, pero sólo la PB y en silencio, no digan nada, no hablen” Otra vez hace el gesto de súplica y agrega la señal de “Silencio Hospital” (o será de Sala de Velatorios de Testículos?) con los dedos.
Entramos. Otro cachorro de Toy emasculado (a esta altura deduje que todos los varones de la casa serían eunucos) nos sonrió con cara de: ¿Para qué necesito testículos, si no voy a casarme, ni tener hijos”.
Creo que ni siquiera una pareja de ninjas podría haber sido más sigilosos. La escena era tragicómica. Gente adulta cuchicheando por temor a ser "atrapados".
Entramos, miramos y nos retiramos. 1 minuto con toda la furia. La Doberman no apareció. Tal vez estaba ocupada extirpándole los huevos al hijo que nos atendió primero.
Nos despedimos del Toy Padre, algo tristes por dejarlos a él y a su prole en manos de la Doberman. El único comentario de mi amiga fue: "Pobres".
Ni siquiera tuve que comentar sobre la casa o mejor dicho canil de toys.
Uno podría imaginarse una especie de Fraülein de las Waffen SS. Lo curioso sería que la emasculadora resultara ser una dulce muñequita de porcelana onda Lladró.
Pero admito que me quedaron ganas de ver a la Doberman. Tuve que reprimir mi tentación de subir corriendo las escaleras, blandiendo una katana, con esa mezcla de intrepidez y estupidez cuasi suicida, para conocer a la mujer que podía infundir tanto temor en su familia.
Me fui pensando en esa media docena de huevos que nunca serán usados para otra cosa que ser rascados (siempre y cuando la Doberman se los permita, claro está)










