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jueves, 6 de agosto de 2015

MUJER - HOMBRE 100.000 A.C. vs. HOY



HOMBRE – MUJER DE HACE 100 MIL AÑOS VS. HOY.

Extracto del libro Ágil Mente de Estanislao Bachrach.

No es material típico de Blogger, pero tal vez les interese entender porqué la gente anda tan pero tan angustiada. Sobre todo las madres solteras/divorciadas. No, la verdad que no las envidio, ni un poquito. Si andan con poco tiempo lean directamente el final, y tal vez asientan, pero no van a entender bien porqué. Y he ahí el meollo del asunto.

El pasado… ¿pisado? En su libro The Buying Brain, el doctor A. K. Pradeep cuenta cuatro minihistorias muy logradas para explicar la diferencia, o más bien la similitud, de la vida cerebral de nuestros primeros ancestros hace cien mil años en África y nuestra vida hoy. Aquí van. Viajemos en el tiempo y observemos tu vida hace cien mil años… Te despertás en la sabana africana un día muy seco, con el sol en la cara. Tenés hambre y frío. Tu cerebro orientado por objetivos —tu nuevito córtex prefrontal comanda al cuerpo a buscar y encontrar lo que más se necesita— te empuja a salir, a conseguir comida. Agarrás tu lanza, también nuevita, y te alejás de tu refugio. Tus niveles de ansiedad aumentan, tus sentidos están alertas, tus oídos monitorean todo tipo de ruido que escuchás a trescientos sesenta grados. Tus ojos escanean el horizonte, tu nariz olfatea el olor a otros animales, agua, plantas. Tu boca está muy seca, y todos tus músculos están tensos y preparados. Tu respiración es rápida y tu ritmo cardíaco, elevado. Dos horas más tarde, tus ojos, oídos y nariz te alertan. Algo se está moviendo detrás de los pastos altos. De pronto una cola aparece y de inmediato la mirada de un leopardo se cruza con tus ojos. En una velocidad alucinante tu cerebro calcula el próximo paso. El leopardo es más rápido que vos. ¿Deberías escapar? Pero tu lanza es mortal y tenés mucha hambre. ¿Deberías luchar? En milisegundos la decisión está tomada. El leopardo también tiene hambre, y ves su determinación mientras se te acerca agazapado y te muestra sus dientes. Sus bigotes se mueven mientras entra en estado de máxima alerta. Toma la decisión y se te abalanza. Ustedes son dos predadores mortales con mucho hambre. Sólo uno sobrevivirá. Tu corazón bombea fuerte, tu cuerpo transpira y tus músculos tiemblan mientras avanzás en esta vida con escenarios de vida o muerte. La pelea fue corta pero sangrienta. Estás herido pero volverás a tu refugio con tu lanza. El leopardo está colapsando y tu cuerpo segrega endorfinas; la hormona de “me siento bien”, que te produce una sensación de euforia. Cargás el leopardo en tu espalda y caminás algunos kilómetros hasta tu hogar, ahuyentando cuervos y hienas que te quieren robar la comida. Te recibe la gente de tu tribu con alegría, preparan un festín y limpian tus heridas. Aquí el circuito cerebral de recompensa se enciende, y la sensación de orgullo y deber cumplido se establece profundo en tu psiquis. Esto te impulsará a que salgas a cazar algún otro día.

Cuando en el cerebro se enciende el sistema de comportamiento-recompensa, se libera una fuerte dosis de dopamina que nos motiva a volver a intentarlo y a repetirlo. Durante algún tiempo este sistema de comportamiento repetitivo enciende el circuito de recompensa y otros sistemas neurológicos que nos motivan a mejorar la performance y hacerlo cada vez más fácil y con frecuencia. Física y emocionalmente exhausto, te entregás a un sueño reparador. Un nuevo día amanece.

Mismo cerebro hoy, siglo XXI… Esta mañana te despertás con el sonido de tu alarma digital. Estás calentito y cómodo. En lugar de focalizar en la búsqueda de comida para asegurar tu supervivencia, examinás tu heladera para ver qué opción de “pocas calorías” te conviene. Muy rara vez, o nunca, la búsqueda de un sustento es tu motivador principal para comenzar tus actividades. Pero tu cerebro primitivo todavía siente una compulsión por cazar, por lograr, entonces eleva la misión del día a un escenario de vida o muerte. Chequeás tu e-mail y te das cuenta de que un proveedor te acaba de mandar una carta documento. Exactamente como te sucedió en la hambrienta sabana africana, tu ansiedad aumenta, te pone tenso y superalerta. El cerebro te urge la búsqueda de alivio. Agarrás el celu y la laptop y comenzás tu viaje en auto al trabajo. Sentado, en el tránsito, tu cerebro se siente amenazado. Las bocinas suenan todas al mismo tiempo y tu amígdala —parte del cerebro que responde al estrés— se prende fuego. Tu presión sanguínea aumenta y tu corazón va más rápido. Todo tipo de mensajes publicitarios en la autopista te seducen y te invaden sin cesar. Prendés la radio. Cayó la Bolsa. Tu sentido de seguridad se ve amenazado otra vez. Tu irritación crece cuando un auto trata de pasarte por donde no debería. Te enojás y no lo dejás pasar, haciendo una maniobra automovilística digna de un maestro del volante. Llegás al trabajo y estacionás. En el estacionamiento, un grupo de jóvenes transpirados y temblorosos tratan de robarte la computadora, el celular y la plata. Tu instinto de supervivencia entra en juego. Gritás y tratás de moverte entre los jóvenes. Confrontados por vos, ellos ahora están tan enojados como desesperados. No sólo quieren tu compu sino también tu vida. Tu corazón se sale por la fuerza de los latidos, y tus músculos tiemblan. Justo llegan dos guardias de seguridad, y los hombres se escapan. Colapsás en alivio. Horas, días y semanas más tarde, tu cerebro va a revivir toda la escena. Vas a soñar con ella todas las noches. Tu umbral de miedo ahora es más bajo, y tu seguridad se ve amenazada constantemente. Pero no corrés ni te escapás —como cien mil años antes— sino que entrás en tu oficina y te sentás en tu escritorio. Interactuás con tus colegas todo el día, tratando de influenciarlos y obtener más poder. Tu nivel de cortisol (la hormona del estrés) aumenta, y mejora tu estado de alerta y performance.

Estás “en tu juego”, alineándote con aquellos que apoyan tus objetivos y escaneando a los que podrían destruirte. Tus ojos, ciento por ciento del tiempo, ocupándose de esto. Cuando volvés a tu casa, la noche ya llegó y un montón de luces parpadeantes te acompañan en el camino. Tu cerebro lucha para tratar de entender todos esos mensajes que te disparan esas luces. La gran mayoría es irrelevante. Aquellos mensajes nuevos o relevantes repercuten en tu hipocampo, y quedarán guardados de manera más permanente en tu córtex. Llegás a casa, encendés alguno de tus tres plasmas (o los tres) y pasás algunas horas recibiendo, enviando o monitoreando más mensajes (de texto, de email, de Internet, de publicidad, etcétera). Caés dormido en un sueño para nada restaurador, el cual es importantísimo para consolidar la información en tu memoria que podría ayudarte mañana a adaptarte mejor. 

Viajemos ahora otra vez cien mil años en el tiempo, pero comparemos un día en la mujer de aquella época con un día actual… Te despertás transpirada con un bebé hambriento en tus brazos. Lo limpiás y le das de comer y luego buscás algo de comida para vos. Estás peligrosamente flaca y con muchísima sed. El bebé necesita succionar de vos todo tu reservorio de grasa. Con el bebé encima, te aventurás unos metros alrededor de tu área de refugio. Las otras mujeres, adolescentes y chicos de tu tribu van con vos. Se acercan a un lugar donde hace unos días habían encontrado unos gustosos frutos y raíces. Cuando los niños se duermen, algunas mujeres los cuidan y otras siguen recolectando frutos, semillas, raíces y, a veces, pequeños roedores y víboras. Todas las mujeres se mantienen cerca, siempre alerta a la aparición de depredadores, preparadas para pararse entre las fieras y los niños. Sin embargo, nunca atacarían a depredadores peligrosos y grandes. Su córtex prefrontal sabe que un ataque a “todo o nada” podría dejar a sus hijos vulnerables, sin protección o incluso muertos. Sin saberlo, este cuidado les permite cumplir con su objetivo en la evolución de la especie: procrear con éxito. La banda de mujeres y chicos se pasa el día juntando comida y apoyándose mutuamente. No obstante, si alguna miente o engaña, quizá sea una ventaja evolutiva para ella y su progenie. Las mujeres se ocupan de los enfermos y aprenden con rapidez a interpretar a los demás y, sobre todo, a sus hijos, que sólo pueden comunicarse con expresiones faciales y el contacto de ojos. Sin lenguaje hablado, las mujeres pueden distinguir si lloran por hambre, irritación, aburrimiento, angustia, etcétera. Mientras cuidan a sus hijos todo el día, la oxitocina fluye por su sistema dejándolas tranquilas, hasta un poco sedadas, pero muy comprometidas con sus tareas. El cableado del cerebro femenino evoluciona entonces con habilidades empáticas, comprendiendo muchas veces con sólo mirar al otro sus sentimientos o necesidades. Cuando cae la noche, vuelven los hombres. Alguno habrá cazado una gran presa que alimentará con proteínas y calorías a toda la tribu. 

Las mujeres celebran y recompensan al cazador exitoso (billetera mata galán), mientras que reaccionan tímidas y cautelosas con los frustrados para no irritarlos más de la cuenta. Las mujeres entonces elegirán al mejor macho según sus cualidades de exitoso cazador y procrearán con él. Mientras cenan y escuchan las historias de los cazadores (en idioma “gruñón”), las mujeres se acuestan al lado de sus hombres y con sus bebés en brazos. Mismo cerebro, cien mil años más tarde… Apagás tu alarma, te duchás y vestís rápido. Afuera todavía está oscuro, lo que te permitirá completar todas tus actividades del día. Preparás la mochila y el almuerzo para los chicos. Mirás el calendario y qué actividades tienen hoy. Firmás un permiso para una excursión y le escribís una nota a quien cuida a los chicos por la tarde para que recuerde que tu hija tiene dentista y tu hijo, partido de fútbol. Chequeás la heladera y anotás lo que falta y lo que podrían comer tus hijos cuando vuelvan a la tarde del colegio. Pagás las cuentas online antes de despertar a los chicos, vestirlos, desayunar y llevarlos, apurada, a la escuela. Tu cerebro evolucionó multitask, como el de tus ancestros que cuidaban a los chicos, buscaban comidas y atendían a los enfermos. Sos una genia de la eficiencia. El cableado del cerebro femenino evoluciona entonces como lo que se conoce por multitasking , con una conexión entre los hemisferios derecho e izquierdo más importante que en los típicos cerebros de los hombres. Esto les permite hacer malabares entre las emociones, la lógica y las muy diferentes tareas diarias, con más facilidad. En su día, las mujeres tienen muchas “misiones críticas”. Cada uno de los chicos necesita que los despierten y redespierten más de una vez. Los dientes, peinarse, lavarse… Tu hija llora porque no le gusta el vestidito que le elegiste cuando ya están en el auto por salir a la escuela. Pero tu habilidad empática resuelve el problema con rapidez. Agarrás la laptop y el teléfono celular y encarás para la escuela. De pronto te acordás de que hoy te toca a vos buscar a otros chicos y das la vuelta. Frustrada, llegás tarde a cada casa y a la escuela y tenés que bancarte el enojo de los otros padres. Tomás la avenida, y es un caos. Conductores agresivos frenan de golpe, tocan la bocina y se te adelantan por donde no deberían. Tu cerebro siente esto como una situación de “vida o muerte”. Tu corazón late más fuerte, tu ansiedad aumenta, fluye cortisol por tu sistema. Pero tu cerebro está preparado para lidiar con peligros inminentes y ataques probables. Llegás a la oficina corriendo. Casi sin aliento entrás tarde a una reunión.

Mientras presentás tu trabajo a tus colegas, parte de tu cerebro continúa pensando en los chicos. ¿Les puse frutas? ¿Esos mocos serán una gripe o una alergia? Te hundís en tu trabajo, llenando propuestas y pedidos. Tu cerebro multitasking accede ambos hemisferios sin mucho esfuerzo. No almorzás porque estás un poco atrasada. A las 14:30 llama la señora que cuida a tus hijos. Está enferma. Tu cerebro ahora lanza señales de alarma ¡por todos lados! Los hijos deben ser protegidos, es la prioridad. Agarrás tus cosas y salís disparada sabiendo que lo que diga tu jefe o tus colegas puede ser peligroso para tu carrera, te lo advierte tu cerebro. Volvés manejando rápido y chequeando la hora todo el tiempo. Vas a llegar tarde y tu respiración se agita y se hace más corta. Cada semáforo rojo te desespera. ¡Vamos!, ¡vamos!, ¡dale!, ¡dale! Llegás quince minutos tarde, y tus hijos están enojados y caprichosos. Dejás a la nena en el dentista y al varón en fútbol, después volvés al dentista. No pudiste ver el entrenamiento de tu hijo ni un solo minuto. No pudiste sentarte al lado de tu hija en el dentista. Sin embargo, tu cerebro disfruta del confort de tenerlos cerca. Volvés a casa, son las siete de la tarde y la heladera está vacía. Estás levantada hace más de doce horas y todavía no pudiste pasar quince minutos de calidad con tus hijos. Los ayudás en sus tareas de la escuela, llamás a un delivery de pizza y abrís la computadora para terminar lo que no pudiste hacer más temprano. Luego de una cena de veinte minutos cada uno se va a su cuarto. Como mujer con cerebro que necesita conectar, te sentís un poco incómoda porque no pudiste hablar con los chicos ni con tu marido ni con tus amigos en todo el día. A las diez de la noche los acostás, luego de chequear la tarea, y llega tu marido mientras estás sacando la ropa del lavarropa. Hablan un ratito muy corto y exhausta te tirás en la cama a eso de la medianoche. Soñás con amenazas y ataques simbólicos mientras tu cerebro trata de entender lo que pasó en el día. 

Comparando con sus ancestros, los cerebros de las mujeres de hoy tienen muchas más responsabilidades. Su habilidad para mantener a los suyos cerca se ve amenazada constantemente por el estilo de vida de la ciudad moderna.

Estas historias nos muestran con claridad cómo las emociones y el instinto son los verdaderos conductores de nuestro comportamiento, ya sea miles de años atrás u hoy, siglo XXI.

lunes, 20 de julio de 2015

ADR vs Amantes



Ayer 19 de Julio se celebró el Día del Amigo con Derecho a Roce (o Goce) y varios portales y estaciones de radio (supongo que de TV también, pero no suelo ver este tipo de programas) comentaron sobre la diferencia entre ADR y Amante.

Para empezar, suele decirse que la amistad entre el hombre y la mujer es prácticamente imposible, salvo que se consideren incogibles mutuamente. Y debe ser mutua, es decir, no puede existir la más mínima posibilidad de atracción sexual, lo cual es difícil, pero cada tanto aparece una.

También suele decirse que las amistades entre varón y mujer son sublimaciones de un estado latente de cogibilidad. Tanto hombre o mujer son "amigos" que esperan pacientemente un momento de debilidad en el cual podrán "consolar a su amiga/o" con un polvo.

No conozco casos de ADR que perduren mucho. Calculo que es más factible a edades más maduras, cuando los proyectos familiares ya se han concretado.

En cambio con el tema amantes, los reales, no los "gatos" creo que la cosa es más sincera. Los dos saben muy bien porqué se encuentran. No necesariamente tiene que ser para maratones sexuales, es más rara vez lo son, porque si de algo suelen carecer, es justamente de tiempo. Es más, en la icónica película EL AÑO QUE VIENE A LA MISMA HORA, era sólo una vez por año y no es que las sábanas parecían arder. Tal vez por la época y los actores, no podían realizar escenas tan fogosas. Algo parecido sucedía en EN EL SECRETO DE LA MONTAÑA.

No creo que los amantes sólo se sustenten en sus habilidades sexuales, sino en la intensidad de su relación. Que con el tiempo uno de los dos se enamore del otro, o mutuamente, es otro cantar. No es infrecuente que los amantes terminen siendo pareja se casen y hasta tengan familias, pero que justamente por la naturaleza de esta relación formal, la cosa termine fracasando. Es más, si fueron amantes "adúlteros", lo más probable es que en algún momento, comiencen a sospechar el uno del otro. Ladrón que roba al ladrón...

Y si bien suele suceder que los amantes ocupan un "segundo lugar" en lo que se refiere al tiempo dedicado, ya sea físico o comunicacional (si bien con los recursos tecnológicos disponibles de hoy, se pueden incrementar) por otro lado suele suceder que ocupan un lugar privilegiado en la mente del otro. Y luego están las de índole laboral, aunque estas no suelen durar tanto porque si la situación se malogra, el subalterno puede ser despedido o acusar a su superior de "acoso sexual" - Si es entre pares, tal vez dure más, pero por algo existe la famosa frase "Donde se come no se caga" (lo que también me lleva a pensar en el tipo de relaciones que algunos tienen)

Según  una experta, Verónica Malamfanta, autora de ADR Amigos con Derecho a Roce, la tendencia en estos tiempos tan vertiginosos, con la propensión a la "liquidez", de obsolescencia programada, que este tipo de relaciones, tanto los ADR como la de amantes (adúlteros o no) siga creciendo. Las relaciones serias, implican tiempo, y hoy la gente dispone de cada vez menos, ya sea por el trabajo, el estudio, disfrutar del tiempo libre, etc. etc.

Y esta tendencia no tiene un grupo etario destacado, también atraviesa todos los estratos sociales, niveles educativos, culturales, etc. Esto claro en sociedades predominantemente urbanas y occidentales. En los pueblos rurales y en sociedades más tradicionales, no tanto, porque las consecuencias para la mujer pueden muy graves y hasta mortales.

martes, 7 de julio de 2015

Que valga la pena...

Suelen verse con bastante frecuencia este tipo de imágenes en los facebooks, sobre todo de mujeres desilusionadas. Los hombres solemos reflejar nuestra desilusión en otras áreas, generalmente en el deporte.


Tal vez lo más apropiado sería ver la vida con este tipo de mensaje, porque cualquier persona que haya estado en una relación medianamente duradera sabe que compartir su vida con otra persona, a menudo implica renunciar a muchas cosas y entonces esas renuncias deben estar al menos compensadas con otros valores o beneficios.

Pero la verdad, no es sorprendente que este tipo de frases pululen en las redes sociales, porque creo que reflejan cómo muchas generaciones más "nuevas" pretenden vivir. Décadas de "Amarse a uno mismo", de "Lo único que importa es que seas feliz" "Mímate, ámate, trátate bien" etc. etc. han creado varias generaciones que sienten que no deben sacrificar nada o muy poco con tal de ser felices. Y curiosamente es durante éstas últimas décadas donde la Depresión se ha convertido en una epidemia.

Son generaciones que prefieren vivir con los padres -aunque muchos no, porque no les queda otra- es que ser padres a los 20 años, además de ser complicado de por sí, también  implica que no tengan un buen trabajo, acceso al crédito, capacidad de ahorro, etc.- Pero muchos, de clase media, de 25 años o más, con trabajos dignos, prefieren restringir su libertad para tener un estándar de vida que muchas veces es superior al de los "locadores". Hace tiempo que en muchos hogares conviven dos "clases sociales".

En el trabajo el concepto de "ponerse la camiseta" ya practicamente no existe. En gran parte porque muchas empresas ni siquiera ofrecen una, y si lo hacen es una de muy frágil consistencia. Parecen camisetas de acetato. Es que una camiseta de "contrato temporario" obviamente no provoca lealtad.

En muchos aspectos, la cultura del "Aquí y Ahora" ha provocado este tipo de consecuencias. Nadie quiere ahorrar a largo plazo, sacrificarse a largo plazo, invertir en un proyecto, sea laboral o personal, a largo plazo.

Nadie quiere suspender su alegría ni siquiera por un instante, por temor a no poder recuperarla.

En general esto sucede con aquellas personas, que creen que su alegría depende de lo que otros hagan por ellos/as, sea una pareja, un hijo, un padre, la Selección, el/la presidente, la Justicia, el clima, los mosquitos, las antenas de las compañías de teléfono celular, etc. etc.

Sólo cuando uno entienda que poder ser feliz es un privilegio, un premio a lo que uno hizo por sí mismo, para sí mismo o para otros, es que se puede eliminar el pánico a la infelicidad. Y todos sabemos que en un estado de pánico, no existe ni la más remota posibilidad de ser felices, ni siquiera por un instante.


sábado, 13 de junio de 2015

Newton, la manzana y otros pensares...


"La manzana no cae lejos del árbol" es un dicho en inglés similar al "De tal palo tal astilla" - Igual aclaro que los ingleses también tienen su "Like father, like son". Y sí, en esos tiempos los dichos no solían ser muy unisex.

Pero volviendo al dicho original, pensé que menos mal que no cae lejos la manzana del árbol porque sino, según la creencia popular, Newton no hubiese descubierto la ley de Gravedad. De hecho la descubrió de otra manera y con estudios muchos más profundos y concienzudos que un mero accidente "manzanar".

Pero varias preguntas ha despertado éste aparentemente habitual comportamiento de la manzana con algo que entre otras cosas permitió el descubrimiento de una de las pocas leyes que nunca se han refutado.

La primera es: ¿Por qué descansaba debajo de un manzano? No creo que sea el árbol más cómodo contra el cual apoyarse ni el que de la mejor sombra.



Y si bien la zona de crianza de Newton, Lincolnshire, tiene una abundante cantidad de huertos y árboles frutales, también posee uno de los mayores y más viejos robles de Europa que claramente ofrece mayor comodidad a la espalda y mucha más abundante sombra.


Así que claramente Isaac sabía mucho de física pero de sombra y respaldos no sabía un pomo.

Otro tema, ¿tántos años tuvieron que pasar para descubrir la ley?

Era obvio que algo atraía los objetos a la Tierra ¿Cuántos piedrazos, flechazos, balas de cañón, etc. fueron arrojados entre seres humanos durante siglos y siglos. Amén de que la gente se debió haber dado cuenta que no flotaba en el aire.

Además, antes de Isaac hubieron físicos, pensadores, observadores de la naturaleza bastante grosos, de la talla de Da Vinci, Copérnico, GG (Gali, para los amigos) etc ¿A ninguno de ellos se les ocurrió? ¿No había manzanos en su zona?

Y en definitiva, ¿tenía que convertir en ley a la gravedad? Digo, si algo es tan obvio ¿hace falta legalizarlo? ¿Y qué pasa cuándo se quebranta? ¿Cuáles son las penas? ¿Hay abogados especializados? ¿En qué corte se haría el tribunal?

Es probable también que estos cuestionamientos son más propios de un argentino siendo que somos propensos a cuestionar las leyes, sean de tránsito, impositivas, civiles o penales.

Tal vez a los suizos no les pasa. Tal vez siguen creyendo que Guillermo Tell efectivamente demostró sus proezas con la ballesta usando a su hijo como soporte de una manzana.

O tal vez muchos cristianos siguen creyendo que la principal razón de que no vivamos en un paraíso haya sido porque a Eva se le ocurrió morder la Manzana Prohibida.

Seguramente a ninguno de los neoyorquinos se les ocurre cuestionar que viven en la Gran Manzana (Big Apple) y a Steve Jobs le pareció muy ocurrente usar una manzana mordida para convertirla en uno de los logotipos más reconocidos de la historia de la informática.

Y antes de que Fleming descubriera los antibióticos, la cultura popular inglesa recomendaba: "una manzana por día" a modo de garantizar la salud o al menos alejar a los médicos - que tal vez en esa época eran propensos a otras actividades menos hipocráticas y por ende se recomendaba mantenerlos a raya.

Eso sí, hay también manzanas jodidas, las podridas, que también tienen una prodigiosa capacidad para contaminar a las demás y por ello debe uno asegurarse de no estar en contacto con ellas. También pasa con las personas.

En fin, no me queda más que agradecer a la manzana todos los aportes que ha hecho con su sola presencia en la vida humana, incluyendo los panqueques de manzana al ron, el apple crumble y el puré de manzana que solía comer de bebé, cuando mi capacidad de cuestionamiento era nula.

lunes, 11 de mayo de 2015

Malco vs Nico



Creo que es oportuno analizar el uso de la palabra malcogida, malco o mal cogida, como un adjetivo sinónimo de mujer irritable, mal humorada, impaciente, fastidiosa, etc. que algunas veces también es asociada a "ese momento del mes" durante el cual, paradójicamente, es poco habitual el coito.

Creo que sería justo que en lugar de endilgarle a la mujer toda la culpa de su condición irritable, debamos pensar que la palabra es "mal cogida", es decir, que algún hombre, en el 90% de los casos (partiendo del supuesto de que el 10% restante es lesbiana)  no está haciendo correctamente su trabajo. Lo más probable en estos casos, es que la mujer a la cual se la etiqueta en forma regular con esta condición termine decidiendo corregirla, es decir, se busque uno que se la coja bien, y hasta cierto punto es entendible. Podríamos tal vez sólo usar ese adjetivo si la mujer no hace opción de ese recurso, es decir, por una cuestión de ética/lealtad, prefiere seguir siendo malcogida. También lo respeto, aunque me da un poco de penita.

Personalmente considero que habría que cambiar MALCOGIDA por NICOGIDA O NOCOGIDA. Opto por Nicogida porque la abreviatura Nico, queda más piola y a lo sumo que me disculpen todos los Nicolases por el posible nuevo uso que se le de a la abreviatura. Pero para su tranquilidad es poco probable que éste blog genere ese tipo de movidas culturales. Apenas pudimos acuñar el uso de Caniche como sinónimo de actitudes un tanto ambivalentes.

Ahora bien, me parece también oportuno determinar qué es peor, porque calculo que una malcogida a lo sumo - si está buena o es sexy y por ello recibe la atención generalizada de los varones, al menos, con la zanahoria de la recompensa carnal futura, podrá recibir justamente eso, atención, que estimo será un gran motivo femenino para bancarse malos cogedores.
También está la cuestión de las cenas pagas, salidas culturales, viajes, etc. y algún que otro regalo, etc. Pero insisto, la atención debe ser una de las principales razones que sustenta ese martirio auto inflingido.

La Nico, en cambio, ni eso recibe. La Nico se la tiene que bancar sola. Tiene que conformarse con la auto gratificación, que podrá ser manual o eléctrica y/o el uso del duchador (al que me opongo vehemente por cuestiones ecológicas) y encima no tiene alguien con la cual desahogar sus penas, salvo sus amigas, familiares o Facebook.

Por otro lado estimo que hay muchos casos de Nicos que optaron por esa condición también para salvaguardarse de la multitud de pelotudos, malos cogedores, tipos tediosos, etc. que pululan por ahí. Son las verdadera cultoras del "más vale sola que mal acompañada" (cogida) Desde ya mi más profundo reconocimiento por ser al menos leales a su esencia.

Pero al final del día lo más probable es que hayan más Malcos que Nicos. Esta hipótesis se sustenta endeblemente en un viejo y famoso chiste sobre una charla de amigas.

1. ¿Vos qué preferís, masturbarte o coger?
2. Yo prefiero coger.
1. ¿Por?
2. Porque al menos conocés gente.




miércoles, 22 de abril de 2015

CASCOS VERSUS CALZADO



                     

El otro día pasando frente a una casa de venta de motos de la zona, una chica le preguntó a su pareja "¿3 lucas por un casco?" con un tono que denotaba sorpresa por lo caro que podían ser los cascos.

Y me puse a pensar sobre mi propio comportamiento con el tema cascos.

Primero me compré uno de baja calidad, debo aclarar que era para cumplir con la "imprecisa legislación" que rige a los conductores de bicimotos, no era homologado y si bien pedorro un tanto "ostentoso" en relación con el vehículo que conducia. Luego al comprar la moto me compré uno de mejor calidad - homologado - y que resultaba adecuado al uso esporádico que le daba a la moto.

A medida que comencé a darle un uso más intenso a la moto, me fui dando cuenta que si bien el casco que tenía era "adecuado" no me confería la seguridad y prestaciones que podría brindarme uno mejor.

Un día - en un estado de ánimo "auto indulgente" captado astutamente por el vendedor de motos, éste me sugirió: "Ché, por qué no te comprás algo más seguro, más piola...etc". Tenemos un Can Rebatible en Oferta y te lo puedo dejar en 3 cuotas de $666 (sí, así es, la cifra habla por sí sola)

Inmediamente retruqué en voz alta que había pagado $7.500 por la moto y que la relación no me parecía "razonable".

Nuevamente haciendo gala de una capacidad vendedora notable, el vendedor primero contra argumentó que la moto ahora valía $10.000, pero sin importar el valor de la moto, la verdadera pregunta que debía hacerme era: "¿Cuánto vale mi cabeza?". Si bien no le doy el valor que tal vez se merezca mi cabeza, terminé comprándome un casco de "3 lucas" - poco valor si consideramos que Mayweather tiene un protector bucal que vale USD 25.000, pero claro, el cobrarà USD 180 millones por su próxima pelea.

Cascos de "3 lucas" o más no suelen ser vistos, es más casi todos los motoqueros y scooteros andan con cascos bastante pedorros, que dudo cumplan con las mínimas normas de seguridad, pero en cambio, a estos mismos motoqueros/scooteros se los suele ver con zapatillas Nike, Adidas, remeras/camperas de equipos locales o extranjeros-originales.

Ayer al pasar por una casa de artículos de deportes vi zapatillas Nike, Adidas, a $1800/$2200 - remeras de clubes a $900 y en una casa de zapatos para mujer, calzados que llegaban a $850 (ni hablar del precio de las botas de caña media y alta)

Es decir, aparentemente a la gente - inclusive aquellos que usan la moto mucho más asiduamente que yo y a los demás mortales que se transportan a pie/auto, colectivo, etc. por el tipo de ropa y calzado que usan, parecerían darle más valor a todo aquello que llevan debajo de la cabeza.

Es una reflexión que parece azarosa, pero se confirma cada vez que abro Facebook.

viernes, 10 de abril de 2015

¿Triunfo agónico?









29/03/2015 23.10h

Triunfo agónico en...



Es común en el vocabulario futbolero (y deportivo) ver/oír las siguientes frases. Son asociadas a esas victorias que se dan a último momento, cuando faltan 3 o 5 minutos (1) o hasta segundos como en el basket.

Emocionante triunfo agónico
Porque cuando pensaban que no lo iban a lograr, al final de puro culo, por actitud, tenacidad o lo que sea, lograron ganar.

Lamentable triunfo agónico
Es decir, ganaron, pero parece que esperaban más que un 1 a 0 (2)

Un triunfo agónico que apenas conformó.
idem anterior.

Agónica victoria en Victoria: ésta es probablemente de un medio local y se refiere al CAT y tal vez pretende darle un sentido irónico al resultado o de otro medio y pretende ser sarcástico.

Def. de agonía
  Estado que precede a la muerte en las enfermedadesen las que la vida se extingue gradualmente.
  Angustia o dolor muy intensos.
  Decadencia que presagia el final de una civilización,sociedad o movimiento: la larga agonía de Bizancio.
f. Lucha postrera de la vida contra la muerte.
Ansia o deseo vehemente.

fig.Pena o aflicción extremada.

Sinónimos: (América) desazónangustia.

En ese orden de contradicciones estuve pensando como podría aplicarse a la palabra Orgasmo.

Orgasmo agónico/Eyaculación agónica:
Depende mucho de la edad de los participantes y sus costumbres sexuales.

1. De ser "abuelos" podría implicar que el "abuelo" casi no acaba y luego de mucho esfuerzo finalmente lo logró, apenas, con dos derivaciones posibles:
a. La "abuela"/partenaire quedó apenas contenta/o (tampoco siempre tiene que ser hetero la relación).
b. El "abuelo" se murió (es poco probable que se muera la abuela. Calculo que es más probable que se quede dormida)

En caso de ser una relación sexual donde la pareja incurrió en la sofocación lo más probable es que el término agónico se refiera directamente a un evento trágico.

(1) y (2)  VICTORIA PÍRRICA:

Paradójicamente 3 o 5 minutos suele ser el tiempo promedio que tarda un hombre en acabar y si bien este tipo de relaciones sexuales no tienen connotaciones agónicas y parecerían exitosas, a las mujeres no suelen contentarlas/satisfacerlas, sobre todo cuando ellas no llegaron al orgasmo (1 a 0)
Estos casos podrían describirse como una victoria pírrica, porque si el tipo sigue acabando tan rápido/cogiendo así, pronto se va a quedar sin pareja.

Otras derivaciones posibles de estas contradicciones terminológicas podrían por ejemplo ser:

Derrota sublime
Pérdida emocionante
Fracaso celestial
Caída soberbia
Revés maravilloso (siempre y cuando no se refiera a algún tenista)

Y cualquier otra frase con la cual deseen contribuir.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Tautologia Andropàusica II - Sincericidio

En realidad es muy poco probable que tanto mujeres como varones realmente busquen mucha sinceridad en una relación, porque básicamente el diálogo entre ambos sería muy parecido al de la película The Invention of Lying.



Los seres humanos aparentemente no fuimos creados para hablar con sinceridad el 100% de las veces. Estimo que la mayoría de los seres humanos puede tolerar un 60%, en temas personales, ya sea entre parejas, familiares, amigos, etc. 80% en temas financieros/laborales y un 99.9% en temas de salud, es decir, preferimos que un médico nos diga que tenemos por ej. cáncer y la gravedad del mismo a "es una manchita".

A la mayoría de la gente les cuesta determinar la delgada línea______(colocar el color que prefieran) que separa la honestidad, del tacto, la mentira blanca, la mentira piadosa, la seducción, etc. etc.



Lo que uno nota a medida que "añeja"es que esta capacidad en realidad la tenemos, tal vez al nacer, pero la fuimos suprimiendo/reprimiendo, según los eventos que nos tocaron vivir, la educación que recibimos, etc. pero a medida que vamos adueñandonos de nuestras vidas y nos comenzamos a sentir cada vez más cómodos con nosotros mismos, ya sea por haber alcanzado un nivel de estabilidad emocional, económico, mental y hasta espiritual bastante sustentable o porque francamente nos chupa un huevo lo que piensen o dirán los demás (algo muy difícil, pero posible) vemos que se puede volver a ser sincero.

Los que han alcanzado este nivel, suelen darse el lujo de desoír, ignorar, ningunear, bardear y hasta mandar a la mierda a aquellos que apenas pueden lidiar con sus vidas.

Algunas veces los que prefieren vivir en un mundo de grises, los acomodaticios intentan convencer a los ByN que revean su posición, algo que me suena a una oveja intentando convencer a un lobo que se vuelva vegetariano o un pavo intentando persuadir a un águila que se vuelva un ave de corral.

Paradójicamente en un mundo donde Facebook sólo ofrece la opción Me Gusta también noto que la gente -al menos del mundo del Stand Up- tiene un desparpajo y actitud sincericida bastante similar al de los locos y los borrachos.